Katherine no conoce la vergüenza, la desidia, el decoro, la mojigatería y el achante

lunes, 27 de diciembre de 2010

El pie derecho de la boda de mi mejor amiga



Me voy a casar en 2011. No puedo estar segura de si recibiré un aumento de sueldo, si voy a perder más zapatos en los dientes de mis perros o si me quedaré calva por algún mal tratamiento capilar. Pero sí puedo estar absolutamente segura de que me casaré en 2011.

Y la seguridad me la da el zapato derecho (morado, comprado en Zara) que usó mi mejor amiga en su matrimonio. El zapato que predice el futuro tenía en su interior una lista encabezada con mi nombre completo (Katherine Loaiza Martínez) en el momento justo en que ella –la que usaba el zapato- cruzó el portal de la acogedora capilla del Club de Agentes de la Policía Nacional, el domingo 26 de diciembre de 2010. Ese detalle me hace acreedora al premio de ser su siguiente amiga en casarse.

¿Con quién me voy a casar? Esa es la parte mala de los agueros, que son de un etéreo sin igual. Sólo dice que la que esté de primera se casa de primera, aún si no se gana el ramo, pero no dice con quién, ni aclara en qué fecha, ni qué tipo de boda será. No dice si quiera si la que se casa está feliz porque se casa, o si será intercambiada por una manada de chivos y un puñado de collares.

Me voy a casar aún al haber huido del ramo que parecía tener intenciones copiosas de caer en mis huesudas manos. Y me voy a casar aún cuando me busqué el novio más apático a las bodas jamás visto en Bogotá.

Me voy a casar incluso cuando me ofrecí voluntariamente a ser la fotógrafa de la boda para evitar conocer solteros ávidos de relaciones estables y con futuro, y después de haber aceptado –a última hora, sin conocimiento de causa- ser la maestra de ceremonia, para ocupar mi tiempo durante el evento y evitar bailes de “dónde trabajas” y “muy linda para ser soltera”.

Yo seré la de blanco en la próxima boda y entonces allí cobraré mi venganza con los que se hayan atrevido a burlarse de mi inmediato futuro matrimonial: me inventaré mi propio agüero para verlos a todos felizmente casados con los amores de sus vidas.

domingo, 22 de agosto de 2010

Cómo ser un Twittero Divo

La clave del éxito de un buen twittero radica, básicamente, en dos cosas: o escribe bien, o es físicamente exitoso. Si usted no le pega ni a lo uno ni a lo otro, es mejor que opte por otro tipo de alternativas digitales, como verse con sus abuelas por Skype. Ellas sí que son expertas en eso.

Para aquellos que aún sabiendo esto insisten en tener su cuenta de Twitter, he decidido escribir este blogazo. Quiero evitarles el oso de ser uno de esos twitteros que uno agrega y luego saca, como me tocó a mi con la bellísima Claudia Otero (@ClauOtero).

Aquí, tips para ser un Twittero Divo, escritas por una twittera que quiere serlo.

1. Son 140 caracteres. No sea como Gustavo Petro que usa el Twittlonger y a uno le toca ponerse a darle clic para leer el minipost completo. Aprenda a resumir.

2. Regularmente no nos interesa saber la placa del taxi en el que se acabó de subir. En serio, si tanto le preocupa su futuro inmediato, llame a una empresa de taxi y pida uno certificado, mándele un mensaje a su novio (a) con la placa y listo.

3. Si terminó con su pareja y se siente deprimido no escriba cosas como "no quiero twittear". No lo haga y ya. Su depresión 2.0 no nos conmueve.

4. Es mejor escribir menos del promedio de trinos al día, que escribir un montón sin sentido. Cosas como "Mi vida es lo mejor" o "me acabo de encontrar con un amiga del colegio" no aportan nada, a no ser de que vengan acompañadas con cosas como "vamos a tumbar basureros por la Séptima" o "creo que ella me gusta un poco y haremos twitcam".

5. No pase el ridículo de mencionar a alguien famoso (con la @). Seguramente nunca le va a contestar porque cientos de personas hicieron lo mismo, probablemente al mismo tiempo que usted. Entienda que a ellos sólo les interesa el dinero que usted pueda aportarles. Ya ni Chávez responde los mention. Créame, yo ya pasé el oso con Juanes, Calle 13 y el ex presidente Uribe.

6. Póngase creativo con los hashtag. Algunos ya están institucionalizados como #fail, #sabinaquotes o #yoconfieso, pero usted también puede crear los suyos. Mi 'hijo' favorito es #proverbiosobvios.

7. Por las personas que siga, nos daremos cuenta quién es usted; no se haga el interesante siguiendo a puros politólogos y periodistas. Hay ciudadanos del común brillantísimos, como @WoodyQuotes, @a_gomoso o @perrohijueputa. Búsquelos.

8. Si hay un evento internacional, como el Mundial de Fútbol y sabe que todos lo están viendo (o se lo presiente), evite twittear cosas como "goooooool" o "falta!". No es necesario, todos lo estamos viendo y lo único que usted provoca es llenar la cuenta de quienes lo siguen con cosas OBVIAS.

9. La obviedad no es buena en Twitter.

10. Sobre el twitpic puedo decir que son imágenes que se pueden descargar. Fíjese en lo que monta. Cuidado, mucho cuidado, con las fotos en bikini.

11. No ha nacido el primer poeta de Twitter. Es para escribir cosas inteligentes, chistosas, chéveres o para compartir música, artículos interesantes. Para leer poesía tenemos las bibliotecas, o Google.

12. No se crea medio de comunicación. El que quiere ver noticias minuto a minuto agrega un medio de comunicación y listo, a fin de cuentas todos tienen su cuenta.

13. No se crea un twittero divo.

14. No es por joder lo de la placa del taxi.

15. Si usted es una mujer y además sabe que está muy buena, no lea esto. No hace falta, usted ya tiene muchos seguidores.

lunes, 2 de agosto de 2010

Mi primer día sin Pipe

Nunca una terminada me había dado tan duro. Regularmente uno termina, se emborracha, borra el teléfono del tipo y se acabó.

Sin embargo la terminada con Felipe Morales me tiene con encrucijada del alma a bordo: no como, no duermo, me sueño con su barriga pegada a las camisetas que se ponía los viernes...

Como gracias a Twitter ahora estoy en una racha de escribir las cosas sólo en lista, voy a poner aquí el top 12 de las cosas que más extraño de Felipe Andrés Morales, el mejor jefe/amigo que he tenido en mi vida y quien me abandonó desde el viernes. Claro, el abandono no incluyó llorada y el típico "yo sin usted me muero", porque los dos siempre nos hacemos los fuertes.

Que no se ponga celosa su novia, mi amor por Pipe está por encima de cualquier sentimiento pecaminoso.

1. Extraño su tos de perrito criollo y la forma como disfrutaba tomándose ese jarabe que lo dejaba trabado.

2. Extraño que me dijera que tenía mucha hambre y verlo estrellarle el pan francés a los huevos blanditos. "Le dije blanditos, así duros no me gusta", decía cuando se los hacían mal, mientras mis cachetes se ponían colorados.

3. Extraño que me dijera con los dientes juntos y los ojos abiertos "katerin (no Katherine) le he dicho que me tiene que traer tema propio todos los días, usted es que no entiende o qué".

4. Me muero por que me diga "máquina chateadora".

5. Me hace mucha falta que me dé permiso para meterme a su correo corporativo a robarle breves.

6. Extraño verle comer hueso igualitico a Marrón, sin importarle el estrato del restaurante.


7. Extraño que me diga que estoy muy gorda, que haga abdominales y deje de comer galletas.

8. Extraño decirle que tengo pereza de hacer una entrevista y que él me responda "demalas, es su trabajo", y posteriormente me obligue a hacerla.

9. Me voy a morir si no tengo a quién regalarle mi jugo del almuerzo y verle la sonrisa de agradecimiento por "no dejarme morir".

10. Me hacen falta, mucha falta, las 'peladas' de 30 segundos en las que acabábamos con vida y honra de algún ser humano que daba papaya, sólo por sentirnos un poco más tranquilos.

11. Quiero que se ponga alguna camisa nueva y me pregunte si se ve "plei" con ella.

12. Extraño que me pida consejos que nunca sigue, que me contara cuando se sentía triste y sobre todo que me diga "mariquita, no sea homosexual".

Hoy es mi primer día de trabajo sin Pipe, y siento que lo extraño más que a mis pantalones talla 6.

miércoles, 30 de junio de 2010

Respuesta a preguntas frecuentes



1. Sí, Candelaria es criolla. La encontró Andrés (novio de Aleja) en una calle de La Floresta.
2. Sí el periódico donde trabajo se llama El Periódico. No me lo inventé, puedo enviarles ejemplares para que vean que es real.
3. No, no vivo con mis papás. No vivo con ellos desde el 2002. Eso tampoco me hace de fácil acceso.
4. ¿Novios? pocos, muy pocos. ¿Amigos con cover? varios, muy varios.
5. Sí, soy muy llorona. Lloro por todo: cuando se me vuela Marrón, cuando Candelaria me rompe las medias, cuando me pongo una blusa que me hace ver gorda, cuando me quemo cocinando, cuando peleo con Felipe... El secreto está en no dejarme ver de nadie que pueda hacerlo público.
6. Obvio, tengo la misma contraseña para todo. Para TODO.
7. No, ya no llevo diario porque siempre me lo leen. La última fue Lula, y se puso brava por lo que decía.
8. Si tengo una hija, se llama Laura y vive en Santa Rosa de Cabal.
9. No hombre, yo no dije que fuera hija biológica.
10. No tuve que renovar la cédula, cuando saqué la mía ya me salió amarilla con hologramas.
11. Sí, amo messenger, amo Facebook, amo Twitter. Un día los mandaré a todos para el carajo, pero ese día no es hoy.
12. Si, di mi primer beso a los 16 años y sí señor, ya no me da pena contar esto: fue con un sujeto menor que yo.
13. Tengo Blackberry, correcto. Lo que no tengo es plan de datos por eso no les doy mi PIN.
14. Si, Marrón no me ve como el líder de su manada.
15. Claro, me leí todos los libros (todos) de Carlos Cuauhtémoc y dos de Walter Riso.
16. No, no sé si me sirvieron de algo.
17. Si pudiera escoger otra vida, sería 'militante' de Médicos Sin Fronteras o recreadora en Acapulco.
18. Si, me gusta bailar reguetón. Si, bailo muy mal reguetón.
19. Claro, soy muy cachetona pero me encanta mi cara y sólo me la cambiaría si tuviera con qué.
20. Sí, aprendí que el sí afirmativo se pone tildado durante una entrevista de trabajo. De la vergüenza se me quedó grabado.
21. No, no me contrataron en esa oportunidad.
22. Me tomó 4 cafés negros con azúcar al día.
23. Claro que no. Lo de gordita me vino después de que me vine a vivir a Bogotá y cuando viví en Nueva York. Desde que esté en el Eje Cafetero soy flaca.
24. Claro, me encanta escuchar conversaciones ajenas. Por eso amo esperar en lugares públicos y transportarme en buseta.
25. No sé si haya superado la mala racha sentimental. Nunca lo sé sino hasta que termino la relación y digo "changos, todavía sigue".
26. No me pongo aretes porque me molesta que se me entierre el palito del arete en la cabeza cuando me acuesto o me recuesto. De las candongas me da miedo porque una vez se me enredó el saco en una y pasé minutos de pánico imaginándome mi oreja bífida.
27. Mi segundo apellido es Martínez. Luego vienen: Valencia Yusty Puerta Martínez Buitrago Morales.
28. Mi mamá sí es de los Martínez de Trujillo (Valle), pero no le tocó ver ninguna masacre.
29. Sí me hice una cirugía plástica. Tenía 17 años.
30. Se llama Ojeadas Inversas, aunque yo no sea vizca, porque fue el primer nombre que se me ocurrió cuando me desperté el día que amanecí con la obsesión de tener un blog. Luego no se lo quise cambiar porque me pareció que sonaba bonito. Puro sentimentalismo, nada de razón.
31. No soy bisexual. Aunque la verdad tengo mi top 10 de viejas que me parecen churras. Mi top 5 de viejas por las que podría repensar lo de la heterosexualidad y mi top 3 de viejas que me ponen nerviosa.
32. No, no les voy a contar quiénes son.
33. Si salgo con alguien, se llama John Garzón. Claro, lo quiero muchísimo.
34. No, las mujeres de Pereira no son buen polvo por defecto. No las hacen así.
35. Si, yo soy de Pereira.
36. ja ja ja no voy a decir si soy o no buen polvo.
37. Sí, por supuesto: ya dejé el fetiche por los fotógrafos.

Si usted tiene preguntas envíelas al correo talitabanana@gmail.com
Sus inquietudes son muy importantes para nosotros.

domingo, 27 de junio de 2010

El monstruo que soy ahora

Al igual que el año pasado y que los tres años que antecedieron a aquel, hoy digo públicamente que este año se producirá nuevamente un frustrado intento de la suscrita por asistir a Rock al Parque.

Sin embargo, a diferencia de años anteriores cuando el futuro se interponía entre el encuentro con mechudos y malvestidos y yo, esta vez no voy a ir por voluntad propia.

Muchas cosas han cambiado desde la última vez que me quejé por no haber podido ir al magno evento del rock. Ahora escribo “presidente Juan Manuel Santos” y paso noches en vela preguntándome por qué alguien le diría Angelina a aquella desafortunada muchacha que se parece en demasía al Vicepresidente electo.

Ahora el Partido de La U logró poner como presidente del Congreso a Armando Benedetti, a quien sinceramente veo más preocupado por el punto perfecto de laca para su cabello, que por las leyes que necesita la patria. Como si fuera poco es muy probable que mi principal fuente en la Cámara sea Simón Gaviria, un verdadero liberal santista, y que tenga que llamar constantemente a Telésforo Pedraza, dirigente (por poco) de la misma corporación.

Esta vez no voy a ir a Rock al Parque y no será a causa de alguna circunstancia trágica que rodee mi realidad por esos días. Esta vez dejaré de ir por decisión autocrática, por imposición personal, por autocastigo. Dejaré que lo que quedaba en mí de amor al rock and roll se esfume como los tres millones 600 mil votos de Antanas Mockus y permitiré que la otra Katherine, la uribista, la fascista, la criticona, la despectiva, sea quien ponga el swing de partida de ahora en adelante.

El ‘calentanismo’ que tanto me critican mis detractores saldrá con entusiasmo ante la llegada del santismo a mi existencia. Para ir a tono con un presidente que se ve más criollo que su antecesor usando poncho y sombrero, volveré a las faldas de colores vivos y a los zapatos de tierra caliente. Le pondré énfasis a mi acento paisa y empezaré a recordar palabras de la tierrita, para ponerle autenticidad a mi nuevo personaje. Los diminutivos serán mi gloria.

No podrá juzgárseme por disfrutar y bailar con una sensualidad de pereirana arrolladora canciones que hablen de cómo alguien quiere darse el gustico con alguien, o por haberme aprendido estrofa por estrofa toda la discografía de los Benjamins, Pitbull y Toni Dize, mientras olvido los clásicos de Soda Estéreo y los hits de los Rolling Stones. Mi inglés empezará a tomar ese dejo al final, para darle un toque zancochezco a quien se creía tan de vanguardia.

Dejaré de soñar con vivir en Barcelona y buscaré un trabajo en Acción Social. Ese instinto viajero-Robin-Hood saldrá a flote convertido en pildoritas de cómo volverse un mantenido y dejar de quejarse ante la falta de opulencia, viviendo con los sagrados 150 mil pesos mensuales.

Podré no ser feliz, podré no tener marido, podré no vestirme de acuerdo al clima; pero tampoco tendré que compartir espacio de audiencia con gentuza que todavía cree que habrá un futuro diferente, que espera con ansias que pasen cuatro años para volver a votar con esperanza por un futuro mejor: no habré ido a Rock al Parque, pero tengo a mi Santo en la Presidencia.

viernes, 18 de junio de 2010

Entre La Ñera y La Gorda

Yo no me había dado cuenta de lo difícil que es para un hombre invitar a alguien a bailar hasta que salí con tres desparejados y, claro, mi pareja. Mejor dicho, o yo me dedicaba a sudarme todas las canciones para bailar con los cuatro, o los impulsaba a encontrar sus propias parejas entre las selectas chicas que visitan el Colombian Pub de la 51 con Séptima.

Con tanto que he escuchado en estos días a gente decirme que van a votar por Santos porque va ganando, decidí que la salida de anoche era la fácil y por eso empecé mi campaña de “vaya baile, hombre… no sea bobo”.

Con el primero, la cosa fue sencilla porque él de una vez descartó la idea de bailar emparejado y optó por enrumbarse con su silla, haciendo los tradicionales pasos de sólo manos y sin piernas que muy bien sabe hacer el 80 por ciento de la comunidad rola.

Con ese descartado, mis energías se fueron para los otros dos. A la primera frase le agregué otras como “vino a aburrirse?” y “ni para qué le digo que bailemos, si a usted no le gusta como bailo yo, por calentana”.

Fue así como a los 15 minutos ya estaba Julián apapuchado con una flaca de blusa morada y axilas en proceso de descongelamiento, bailando con entusiasmo 'Hasta Abajo' (de Don Omar). A los cinco minutos, la vieja en cuestión estaba bailándose la segunda canción y ya se le veían los dientes y de vez en cuando se le escuchaba una carcajada.

No podía estar más feliz aquella pobre mujer de haber encontrado su parejo de la noche, porque prácticamente sólo lo devolvió a nuestra mesa cuando mis gritos desesperados lo invitaban a brindar por cosas banales.

Sin embargo con Jorge no fue tan sencillo todo. Le gustó una flaca amiga de la de morado, que bailaba siempre muy sonriente y tenía la actitud de ‘quiero conocer sujetos’, pero cuando por fin tenía el grado de alicoramiento suficiente para sacarla a bailar, salió a la luz la verdad: venía con un sujeto, y el baile solitario y entusiasmado era sólo una estrategia para seducirlo.

El panorama se puso gris. Había pocas mujeres disponibles y las disponibles no eran del agrado de Jorge. Empecé a desesperarme porque no me gustaba estar meneándolo con temas como ‘Rompe’ y verlo ahí en la mesa con su carita de ‘qué hago con toda esta churrez que tengo encima’ –churrez de churro-, en completa soledad.

Entonces me puse las gafas y arranqué con la búsqueda a fondo de posibles borreguitas para ese león casi dormido. Muy tarde me puse en labores, porque ya agarré a media discoteca vacía y las opciones se reducían a dos solitarias señoritas a quienes horas después apodamos La Ñera y La Gorda.

La primera no es que fuera ñera, realmente su problema fue que se puso la blusa indicada con la falda incorrecta y para completar se fue con unos tenis que combinaban poco con su bolso, y menos con el resto de su pinta. Sin embargo ella tenía la actitud, bailaba sentada, brindaba con la botella, cantaba las que se sabía y cada 5 canciones acumulaba coraje para bailar sola.

La Gorda, por otro lado, tenía como ventaja su discreta y combinada forma de vestir, además de la cara agraciada. Su punto en contra era la actitud parásita: sólo tomaba fotos de lo que hacían los otros en la discoteca y de vez en cuando le grababa videos a La Ñera en sus arranques de karaoke.

Debatiéndonos entre una y otra decidimos finalmente que el buen vestir está por encima del tamaño y Jorge se paró con toda su furia a sacarla a bailar. Para nuestra sorpresa, las rellenitas caderas se movían mejor de lo que parecía, y la pieza de baile dejó entrever su escondido entusiasmo: ella era una gorda, además de bien vestida, feliz.

Sin embargo la campaña de "todos bailando" terminó entusiasmando a más de los que yo esperaba: mientras veía sonriente a Jorge entre los brazos de su generosita de carnes, me di cuenta, con sorpresa, que era yo la única sentada en la mesa: mi pareja también había encontrado con quién hablar y ésta vez fui yo quien empezó a brindar con la botella.

jueves, 17 de junio de 2010

Un país con bobera*


Por John Garzón

Hace unos días The New York Times publicó un nutrido reportaje sobre la ‘bobera’ que padecen los naturales de Yarumal, Angostura y veredales aledaños, en Antioquia. Así se refieren los nativos de la zona a los familiares y amigos que entre los 30 y 40 años de edad pierden la memoria y otras facultades cognitivas.

La investigación cuenta que estos pobladores tienen potenciado un gen que propicia el mal de Alzheimer, gen que paradójicamente también ayuda a la investigación de una posible cura para este padecimiento.

Sin embargo, según datos más recientes, la enfermedad degenerativa se ha disparado con alcances pandémicos no sólo en la región andina, donde inexplicablemente hay una cantidad alarmante de portadores, sino también en la Costa Atlántica y en el occidente del país, casi toda la geografía nacional. Y aunque las autoridades competentes han ocultado información al respecto, por temor a una histeria colectiva, en los últimos días se ha hecho más evidente el daño en la población.

El síntoma más claro del padecimiento es el apoyo masivo, que se palpa en las calles, a Juan Manuel Santos para que suceda a Álvaro Uribe en la Casa de Nariño. Muchos son reticentes a esta idea, pero la mayoría, el vox populi, cree en él como el heredero al trono del Emperador del Uberrimo, como él más indicado para llevar las riendas del país igual que el jinete anterior, bajo la consigna de la Unidad Nacional.

El desvarío es claro. No es normal y de gente sana olvidar que el dos por mil, que seguramente llegará a ser un cinco por mil, se dio cuando Juan Manuel era Ministro de Hacienda y Crédito Público en el gobierno de Andrés Pastrana. Como tampoco es de cuerdos elegir como mandatario a un indefinido político que desde su militancia en el Partido Liberal hasta el personalista conglomerado de La U, deja ver su incoherencia ideológica.

Pero el diagnóstico se pude calificar de demencial teniendo en cuenta que además está embolatada la memoria de corto plazo. Los gastados falsos positivos -que precisamente no olvidan los familiares de los estudiantes, albañiles y jugadores de ‘micro’ muertos en combate- y el irrespeto a la soberanía de países vecinos, son temas que el grueso de los enfermos de Colombia recuerdan vagamente o prefieren evitar.

Todo el territorio nacional tiene brotes de esta ‘bobera’, sin distinción de clase social o edad, con casos extremos en las provincias y ciudades pequeñas donde se encuentran los porcentajes más altos de adeptos al ex Ministro de Defensa, el mismo que volvió la seguridad una necesidad superior a otras como la salud y la educación, y que es la opción para que los patrones de las fincas sigan viajando por carreteras seguras.

Con este panorama y desde esta columna lo que busco es llamara la atención a la organización Mundial de la Salud y a todos los organismos internacionales para que atiendan este grave caso de desmemoria colectiva y al menos sea conocido en otras esferas para que no se repita, porque a estos enfermos no les queda otro camino que al sanatorio.

*Publicado en El Periódico bajo el título 'Un pueblo con Alzheimer'

martes, 15 de junio de 2010

La lesbiana de la familia


Por años mi familia creyó que yo era lesbiana. Me lo confesó mi primo Gustavo una vez que viajaba la familia en pleno desde Villeta a Manizales en un bus sin aire acondicionado.

Y es que todos juraban que yo era lesbiana porque no me conocieron novio sino hasta los 19 años y antes que eso yo todavía amaba las barbies y tenía desde entonces la aberración por ver igualdad de género hasta en la cantidad de comida que servían en los platos en navidades y año nuevo.

Hoy, años después de esa confesión, estoy segura que mi familia cree que no sólo soy bisexual sino además que no me voy a casar o que si me caso no voy a tener hijos.

Este blogazo es un llamado a hacer una polla sobre mi futuro. Hagan sus apuestas.

miércoles, 9 de junio de 2010

El inicio del fin de la frigidez futbolística

Prácticamente ya estamos en el Mundial de Fútbol, de eso no hay duda. Hoy más que nunca recuerdo las sabias palabras de Antanas Mockus diciéndome que había que lograr que la gente se sintiera tan feliz por el encuentro internacional de la pelota (las pelotas) o por las Olimpiadas de Matemáticas y pienso que si fueran las segundas, yo estaría más enredada entre términos de lo que estoy hoy.

Sin embargo este no va a ser un blogazo de queja por el Mundial, sino de queja a los hombres que han pasado por mi vida: primos, amigos, tíos, novios, amantes y hasta mi propio padre intentaron por décadas hacerme entender por qué ver a 22 tipos en shorts persiguiendo una pelota es tan verracamente emocionante.

Si, fui al estadio Palogrande con ustedes. Sí, grité gol con entusiasmo en el Hernán Ramírez Villegas. Si, no lo estoy negando, salté en El Campín desde la gramilla y con cámara al hombro apoyando al Nacional cuando los locales gritaban “provinciano a tu montaña”.

Perdónenme, fui hipócrita. La verdad es que no sentía nada: yo era una frígida futbolística.

Lo cierto es que a pesar de los suvenires que me compraron, de las camisetas de equipos que hasta hace poco guardé con cariño y las basuritas blancas que juntos tiramos en las más emocionantes finales del fútbol colombiano, yo nunca le encontré sentido a la seguida de la pelota, ni siquiera cuando los jugadores rebosaban en belleza, porque desde las graderías eso no ese nota tanto. (Fallaron ustedes, porque no le dieron a la comba).

Hasta ahora. No es que quienes intentan en la actualidad hacerme entender el fútbol sean diferentes a los anteriores, sino que se dieron cuenta que la estrategia para hacerme amar la fanaticada no está en la cancha, sino fuera de ella. Y tengo que aceptarlo: ahora me gusta un poco todo eso del encuentro cuerpo a cuerpo (aunque seamos sensatos, no me voy a sentar las 2.880 horas que dura el evento a ver los partidos).

¿Cómo lo lograron? Los dos amigos que están trabajando en el proyecto ‘Katy futbolera’ se dieron cuenta que a mí me gusta es el chisme político, la estrategia, el enredo detrás del telón y por ahí me atacaron.

Diego me dijo por ejemplo que nuestro equipo en la ‘Champions League’ es el Barcelona y no el Real Madrid porque el segundo era el financiado por el franquismo (la dictadura española), que persiguió mientras tuvo el poder a los países separatistas, incluido Cataluña. Por ese motivo, el Barcelona se convirtió en la representación de la oposición, del movimiento obrero.

Nos gusta además el Barcelona, me lo explicó John, porque fue el equipo que creyó en Leonel Messi, cuando nadie más pensaba que ese niño talentoso, pero con serios problemas de crecimiento, podía llegar a ser un buen jugador. Los empresarios del Barcelona lo vieron en Rosario, Argentina y decidieron llevárselo a hacerle tratamiento que costaba 900 dólares mensuales, cuando él tenía 13 años. Y ahora es el mejor jugador del mundo.

Nos gusta el fútbol brasileño más que el argentino porque los cariocas se lo toman todo como una fiesta de la pelota, parecen danzando en la cancha, se disfrutan cada jugada. Los argentinos, por el contario, llegan por defecto enojados a la cancha, pelean, gritan, se estresan, hacen del juego toda una tragedia.

John me enseñó que nuestro equipo bogotano es el Millonarios porque es el de tradición, el de los abuelos capitalinos y así ha sido transmitido por generaciones. En los años 50 fue el equipo que recibió a los grandes jugadores europeos que se quedaron sin trabajo por la crisis económica y ha seguido demostrando su buena forma de jugar, alegrona, apasionada, en todas las estrellas que se ha ganado (13).

Me enseñaron también que la disputa entre hombros y piernas sudorosas va más allá del poder del balón: es como la vida misma, donde la competencia es más rica cuando es más sana, cuando se hace en medio de risas y dramáticas caídas. El gol lo puede hacer sólo uno, pero sin el equipo completo hasta Messi sería más torpe que yo.

Por eso, y otros cientos de ejemplos, podré no saber cuándo es penalti y cuándo es tiro libre; les preguntaré una y mil veces lo del fuera de lugar y qué hacen los jueces de línea además de correr con esas banderitas como si hubieran acabado de salir del closet; y seguiré considerando exageradas las muestras de dolor de los jugadores, pero al menos por este año, no me voy a quejar del Mundial.

martes, 1 de junio de 2010

Mi negocio de carritos sangucheros

Yo crecí viendo Laura en América, escuchando de polladas y carritos sangucheros, que siempre me sirvieron para hacer chistes de ese país lejano y pintoresco al que yo no iría jamás. Nunca pensé, sin embargo, que se vería como un paraíso ante la idea de un nuevo presidente, con ideas continuistas que yo, por supuesto, no comparto.

Me sorprendí a mí misma buscando en Google los famosos puestos callejeros, cotizando precios, buscando ofertas en Mercadolibre y me di cuenta que eso es lo que quiero. Por eso decidí que después del 7 de agosto me voy a Lima a trabajar en un carrito sanguchero.

Voy a vender los mejores sanguches que los limeños hayan probado en sus vidas. Me voy a poner camisetas pegadas y faldas corticas para llamar a más compradores y voy a ponerle énfasis al acento paisa para ser toda una sensación.

Me emociona la idea de aceptar invitaciones a salir de chicos limeños, no de los que se creen europeos, no; yo quiero de los locales, lo más típico que pueda encontrarme en la zona: que sean una copia chola de la pinta de poncho y sombrero que se ponen ahora los presidenciables colombianos. Me pone ansiosa la idea de verme bailando con ellos cumbias peruanas en polladas bailables, vistiendo de esas falditas popochas que se pone Wendy Sulca y pudiendo utilizar mi tradicional pasito de bailarina de orquesta ochentera de merengue. Estaré en mi salsa.

Cuando el negocio del carrito sanguchero prospere, tengo pensando delegar funciones e incursionar en un nuevo sector: voy a ser la mánayer a la Tigresa del Oriente. He estado escuchando algunos de sus éxitos y yo sé que esa mujer tiene futuro. La voy a poner a hablar en cuanta emisora nos reciba y para la televisión abriremos nuestras piernas y corazones como buenas gatas salvajes.

Le voy a proponer que le pongamos derechos de autor a ese gruñido que hace en medio de las canciones y lo comercializamos con la asesoría de JJ Rendón, quien para entonces será uno de los mejores pagados expertos en márqueting político (o de picardías musicales): haremos ring tones y propondremos cambiar el sonido del zumbido de messenger por el de la sexy peruana; además haremos dummis de la Tigresa y muñecas inflables para los menos mojigatos, y toda una línea de ropa con la firma de esa popular garra.

De pronto hasta hago una obra de buena fe, me animo y termino llamando a Noemí para que sea la que se encargue del carrito cuando yo me vaya a trabajar con la Tigresa. De todas formas las dos tenemos las mismas ganas y tendremos igual de cantidad de trabajo, cuando Santos sea presidente.

jueves, 27 de mayo de 2010

Mi cita con un viejo Verde

De Antanas Mockus lo han dicho todo, excepto que es un político tradicional. Con las campañas que ha hecho en el pasado y su gestión en los dos períodos en la Alcaldía de Bogotá, demostró que su mayor interés es promover la cultura ciudadana y la legalidad en el manejo de los recursos, de una manera diferente, bajo preceptos de transparencia y respeto de lo público. Me vi con él, nos tomamos un tinto, unas tres fotos y conversamos de todo, menos de política.

Si Enrique Peñalosa, cuando usted sea Presidente, viene a pedirle un trabajo para una prima, sin meritocracia, ¿usted qué le diría?
Que no.

¿Aún siendo Enrique, que lo estuvo acompañando en toda la campaña?
Regla es regla. La cultura genera la obligación de reciprocidad: usted me hizo un favor y por lo tanto yo le puedo pedir que me lo pague. Pero en los procesos en los que andamos no andamos haciendo favores, andamos construyendo un proyecto colectivo y hay reconocimiento y amistad, pero no para gastar los recursos públicos.

¿Si una persona que sabe que va a llegar tarde al trabajo y que si llega tarde lo despiden, le puede pedir a la Policía que la acerque?
No. La persona puede pedirle el favor, claro, pero el Policía no le va a decir que sí, le va a decir “no estoy para este oficio”. Si lo pregunta por mi caso, el Policía estaba cuidando mi vida, su función es transportarme y cuidarme, cuidarme mientras me transporta.

Usted siempre habla de confianza pero, ¿en quién no se puede confiar?
En quien traiciona la confianza. Si hacemos el juego y yo la dejo caer, pues usted no confía en mí. La regla es ‘desconfío de aquellos que no han estado a la altura de la confianza’. El mundo ideal es confío en todo el mundo.

Usted ha dicho que quiere continuar con la política de seguridad democrática, lo que implica arremetida militar contra los ilegales. ¿Podría inferir que la vida de los guerrilleros es menos sagrada que la de los civiles?
La sacralidad de la vida tiene una excepción en los estados contemporáneos. La Constitución prevé una Fuerza pública que puede acabar con la vida precisamente para conservar la sacralidad de la misma. Si algún día nos inventamos un detector magnético de intenciones de matar, le pondríamos anestesia para que no pueda matar. Mientras tanto, tenemos que usar la fuerza para evitar el uso de la fuerza por parte de civiles.

¿Cómo hacemos para llegar al próximo Mundial de Fútbol? Me encantaría hacer una competencia entre la ida al mundial y la ida al mundial de matemáticas y ciencias y que todo el mundo escogiera entre las dos cosas. Me gusta de las dos cosas el deseo de ubicarse planetariamente. Shakira es una ubicación planetaria, Colombia en el planeta. Hay que preguntarle a Shakira cómo lo hizo. O bueno, a Juanes.

¿Qué va a hacer con Chávez si empieza a hablar de usted como habla de Uribe? Al paso que vamos, a punta de periodistas curiosos.. (risas) esa sola pregunta revela que se ha vuelto un personaje central en la región. La gente quiere que pasen cosas, por eso siempre pregunta de reacciones a situaciones hipotéticas.

¿Qué es lo que más le aburre de ir punteando las encuestas? Que a veces gente cercana se angustia mucho. A veces siento que estoy manejando en una zona con curvas peligrosas y me aburre que alguien me coja el timón justo en la más peligrosa. También me aburre cansarme.

sábado, 22 de mayo de 2010

El voto por Vargas Lleras

Si, es un tipo supremamente malgeniado, fuma en recintos cerrados y tiene modales de niño rico malcriado. Pero, ¿quién dijo que yo voy a acercarme a las urnas a buscar un mejor amigo**?

Yo quiero es un Presidente de la República que sea capaz con el país, no un sujeto súper buena gente –tipo Andrés Pastrana- que se la pase viajando con lo que le pago de impuestos y vuelva el país un ocho; que tome güisqui encima de las leyes que está a punto de sancionar o que me ande chuzando el teléfono si mi blog le disgusta.

Es por eso que desde hace un par de semanas hago parte del 7 por ciento de los potenciales votantes que todavía no se ha decidido por uno de los nueve del tarjetón, o que ha cambiado su intención de sufragio por los avatares de esta campaña a la Presidencia. Soy como un judío errante electoral; mi alma en pena se la pasa pensando en las opciones de derecha, centro e izquierda, y mi corazón se tambalea entre propuestas y chismes, buscando el candidato ideal.

Entre tantas opciones, como una chica agraciada con muchos pretendientes (y ‘pretendientas’), no puedo negar que una de las que más me tienta es la de votar por el candidato de Cambio Radical, Germán Vargas Lleras.

Lo conozco en persona. Ha sido el único que aún con todos los vaivenes de la campaña y los encartes de estar viajando en busca de votos, ha venido hasta la redacción cada vez que lo llamamos a pedirle una entrevista (tres veces); siempre viene con su montón de escoltas, vestido con sus costosísimos trajes de nieto de expresidente y con la cajetilla de Marlboro Rojo siempre a la mano, para prender uno que otro cuando una pregunta le cause piquiña, o una contrapregunta le parezca demasiado estúpida para su discurso de exsenador.

Me gusta que tiene carácter fuerte. Me gusta que no duda sus respuestas en los debates y en corto tiempo se hace entender. Me gusta que la tiene clara: si esto se tratara de un cortejo, él sería el tipo de hombre con el que yo terminaría saliendo; no se pone con rodeos, sabe lo que quiere y hace lo que considera correcto para conseguirlo. Sabe que es un hombre inteligente, sabe con quién trabajar y por eso tiene un programa de gobierno tan claro.

Estoy pensando seriamente en darle mi voto a Vargas Lleras porque es el único candidato que en lugar de decirme que a los colombianos hay que educarlos para que tengan un futuro más próspero, y que hay que darle igualdad de condiciones a los niños de Titiribí con los de Bogotá -todo suena del carajo, pero no sé cómo lo van a lograr- me dice que va a implementar políticas para ir buscando la gratuidad escolar, pero de manera gradual porque el país no puede tener un hueco fiscal de la noche a la mañana.

Es práctico: no me diría que me va a bajar la luna, me llevaría a Monserrate a que la viera.

Sin embargo tiene sus ‘peros’. Supongo que ya está pensando cómo repartir cuotas burocráticas para pagar favores; asumo que hará política tradicional, como lo hacía su familia y como lo habría hecho, no me consta, en el Senado.

No dudo que pueda llegar a ser un excelente Presidente –fue un magnífico congresista siempre-, pero tampoco puedo negar que me asusta seguir en las mismas, viendo repartir embajadas y notarías a cambio de pagos para hacer movimientos corruptos y dando un ejemplo errado de cómo deben actuar los dirigentes de un país. Eso está en contra de Vargas para dárselo a ojo cerrado.

Por lo pronto y mientras sigo pensando mi voto, puedo asegurar que tengo algo claro: después del domingo 30 de mayo, en mi popocha billetera habrá un nuevo certificado electoral.

**Ahora que caigo en cuenta, tal vez sí tenga que buscar amigos, porque seguro más de uno ya no va a querer ser cercano a mí después de leer esto: con tanta ola, se me hunde la barca.

martes, 4 de mayo de 2010

La Trocha de la Muerte a dos ruedas

Desde una bicicleta puede verse de cerca el dramático diario vivir de los habitantes de la Trocha de la Muerte.

Desde el uribista –de Mario Uribe- pueblo antioqueño de Ciudad Bolívar, la estampida de ciclistas preparó las últimas energías para viajar por el Chocó. Salir de ahí parece una burla con lo que está por venir: Ciudad Bolívar huele a plata, la gente se viste bonito, no hay indigentes y los carros son siempre (siempre) lujosos; cosa abruptamente diferente a lo que sucede de ahí en adelante.

Dejar atrás a Ciudad Bolívar para adentrarse en tierras chocoanas, es también ir dejando los lujos: la carretera generosa se convierte en una trocha amplia, llena de huecos, vigilada por precipicios y de vez en cuando adornada por casuchas de madera.

El punto de partida a dos ruedas ya es en el departamento del Chocó, en tal vez el único municipio de esa selva pacífica que no lo parece porque hace frío y la mayoría de sus habitantes son mestizos: Carmen del Atrato.

Ahí fue cuando Aníbal Gaviria, el guía de la maratón y candidato a la vicepresidencia por el Partido Liberal, anunció que el viaje que se avecinaba tenía cinco cosas claves: muchos precipicios, un sitio llamado Trocha de la Muerte y claro, pantano, piedras y una vía de 110 kilómetros, absolutamente indigna para ser una de las dos únicas que llevan a la capital de un departamento colombiano.

Miseria
A los 22 kilómetros y medio de haber arrancado de Carmen del Atrato, vive María Susana. María Susana tiene 12 años pero parece de seis, es rubia, una de los dos trillizos sobrevivientes de la familia, vive en una casa con sus demás hermanos y sus papás, y no va a la escuela porque no hay quién enseñe.



La historia se repite cientos de veces por el camino: niños malnutridos viviendo en casuchas de dudosa estabilidad, lejos a por lo menos 3 ó 4 horas caminando de hospitales, escuelas, incluso lejos de otros niños y por donde rara vez va alguien que no viva por ahí. No hay nada qué hacer en esa vía, más que ver pasar los días cultivando cualquier cosa y esperando que los hijos crezcan, para que sigan haciendo lo mismo.

La vía es hostil, extensa y solitaria, pero no siempre ha sido así. Los lugareños aseguran que antes era peor, antes había más accidentes y las personas se morían con más facilidad entre las curvas y el camino estrecho. Antes el bus pasaba menos y ahora Rápido Ochoa rompe con la rutina una vez o dos al día, en buses que van hasta Medellín.

Fue en esta ruta, justo después de la casa de María Susana, donde murieron 45 personas en un accidente hace un año y tres meses, mientras hacían lo que todavía se hace, andar con sobrecuro, a toda velocidad, hacerle el quite a los derrumbes, compartir un solo carril para dos vías, evitar que las llantas se deslicen cuando se pierde la banca o frenar a tiempo cuando los puentes se han venido abajo. Incumplir, en últimas, toda norma de tránsito conocida, ante los ojos silenciosos y también desnutridos, de los indígenas.

Desde la carretera pueden divisarse a lo lejos, abajo del precipicio bien cerca del río, unas cuantas comunidades de indígenas Embera Katío, repletas de niños y también de miseria. Dicen que los hombres son machistas y perezosos, que trabajan poco y viven borrachos, pero a nadie realmente le consta y los nativos no hablan de eso.

A medida que avanza el camino, la gente se va oscureciendo. Después de ocho horas de recorrido en bicicleta, los habitantes van escaseando cada vez más y cuando aparece una casa, está en condiciones más complejas que las anteriores; no falta el agua porque en la selva llueve a cada rato, pero nadie la trata. Los fogones son de leña y no hay mucha proteína para cocinar; las casas van perdiendo materiales sólidos en su construcción y en cambio se van convirtiendo en un arrume de tablas y latas que se sostienen por una energía opuesta a la inercia.



Por ahí el asunto de las campañas llega poco, y cuando los candidatos salen o no electos, llega menos. Los extraños no son comunes e incluso las políticas gubernamentales no parecen evidenciarse tanto. La desnutrición es pan de todos los días, las condiciones de vida parecen no mejorar, a las calles les falta trabajo; a la gente, algo qué hacer. Muchos les prometen mejoras, pero a medida que el país se acerca al desarrollo, el Chocó parece alejarse a una velocidad inversamente proporcional del mismo.

Justo antes del destino final está el corregimiento de Tutunendo, ya repleto de gente negra: las carreteras no están pavimentadas, la multitud se baña en el Atrato y las casas siguen siendo de madera; en cambio pululan los televisores de gran tamaño, los equipos de sonido de buenos bafles y la cerveza en los andenes. En Tutunendo se vive de pescar, vender minutos a celular o hacer mototaxismo, nada más. Hay gente trabajando, pero son contados.

Después de 12 horas de viaje los ciclistas llegaron a Quibdó y la conclusión es clara: al Chocó parece que hasta el cemento le hubiera cogido pereza.

martes, 20 de abril de 2010

Criada al estilo Wendy Sulca*

Que yo ahora prefiera las medias veladas, los vestidos de un solo color y las botas sin cosas peludas colgando, puede ser considerado un milagro. Quien me hubiese visto entre 1984 y 1996 hubiese podido jurar que yo había nacido para ser la Wendy Sulca colombiana.

Si mi mamá leyera esto me llamaría exagerada, pero sólo dios y mis abuelas saben que no miento: tengo varias fotografías de la suscrita corriendo en el parque con una trusa rosada, brillante, con imitaciones de diamantes en el cuello, aretes con forma de chococono y unos inigualables tenis rojos.

Esa pinta era frecuentemente alternada con un bicicletero negro con cuadritos morados (FOTO), una camiseta de conos de colores estrellados contra el piso y como toque final, unas sandalias de plástico y medias de boleritos (de boleritos, óigase bien), porque lo de las uñas feas me llegó desde el vientre.

Pero lo de la ropa era lo de menos. Los paseos en jeep a los ríos me hicieron crecer con la costumbre –no sé si mala- de perderle la pena al desnudo. En pleno río mis papás me hacían quitarme la ropa, delante de primos, amigos y tíos, para ponerme el traje de baño; la frase “sin pena mamita que todos tenemos lo mismo”, todavía me retumba en la cabeza cuando hay mucho silencio. Claro, cuando se nos quedaba el traje de baño en la casa, bien podían verme todos los presentes en calzones con los ositos cariñositos, o de un solo fondo y con encajes en la cola, tirándome al río San Eugenio de Santa Rosa.

Seguramente el lector no se ha dado cuenta de la dimensión de los hechos porque no ha entendido varios aspectos. En primer lugar hay que aclarar que toda mi infancia yo tuve el tradicional corte de cabello tipo hongo de Mario Bros, gozaba de un tono de piel envidiable porque cada fin de semana iba nadar y tenía las piernas llenas de cicatrices y raspones, porque no dejaba de montar bicicleta y patines.

Eso, claro está, sin contar con que en mis afectos había más niños que niñas, a quienes encontraba lloronas y frágiles. Todo esto significaba necesariamente que en repetidas ocasiones desconocidos me confundieran con seres del género opuesto.

En segundo lugar hay que aclarar que mi papá es un acérrimo vallenatero que me despertaba los fines de semana con canciones como ‘la creciente’, ‘esposa mía’ o ‘señora’, y no contento con eso los interpretaba él mismo en fiestas familiares y eventos públicos, teniéndome como su gaffer (gaffer, no ‘gáffera’).

Mis fiestas de cumpleaños eran todo un cuento: aunque no hay videos que lo prueben, sí tengo fotografías en las que aparecemos todos los primos bailando en parejas, primos con primos, primos con primas, primas con tíos, primos con tías, primitos con abuelitas, abuelitas con tías y tías con amigos de los primos, y aunque cualquiera se podía imaginar que escuchábamos la música de moda para niños, la verdad es que movíamos las carnitas al ritmo de temas como 'la belludita' en su inigualable versión cumbia, o 'amor prohibido' de Selena, 'quítame ese hombre' y los siempre exitosos temas de Miguel Molly, Los Melódicos y Pastor López, incluido 'golpe con golpe', que daba para hacer vueltas.

También hay que esclarecerle al lector que nadie como mi mamá para demostrar la capacidad pulmonar. Gritaba a grito herido por la ventana de la casa hacia el parque cosas como “katherineeeeee éntrese yaaaaaa”, o “katherineeeeeee venga a ver lave los calzoneeeeesss”, o el inigualable “¿si orinó antes de irse pa’ la calleeeee?”.

* Para mi papilú, mi mayor fuente de felicidad, mi amigo y guía amoroso. Feliz cumpleaños, nos debemos muchas tortas juntos.

domingo, 18 de abril de 2010

La aplicación que hizo el Montesinos colombiano*

Una de esas aplicaciones de Facebook que utilizan los adolescentes para escandalizar a sus conservadores padres y que le adjudica un ‘lover of the day’ (amante del día) a las niñas bonitas, fue la inspiración para que el Gobierno hiciera una igualita, pero que se llama ‘hated of the week’.

El ‘Odiado de la Semana’ elije al postulado de entre una nutrida lista que un sujeto conocido como alias ‘El Montesinos colombiano’ sacó sin permiso de los archivos de chuzados del DAS.

El jefe del ‘Montesinos’ le había puesto la misión de hacer una lista con todos que hablaran mal de lo que hiciera o dijera el Gobierno, pero cuando ‘Montesinos’ se dio cuenta que Google no iba a ser suficiente para hacer el listado, se le hizo fácil encontrar a los opositores en la juiciosa clasificación que ya habían hecho –sin la orden expresa de nadie- algunos funcionarios de bajo rango del organismo de inteligencia.

El diseño del programa quedó a cargo del mismo sujeto, que después de varias horas de trabajo mostró muy orgulloso una aplicación que arrancaba con el himno de Antioquia cantado por Noemí, mostrando como fondo a la Corte Constitucional -con el letrero Partido Constitucional-, que se abría en dos para ver ahí metidas las caritas sonrientes de todos los opositores, dispuestos a ser el elegido.

Con un solo clic, explicó ‘Montesinos’, el programa automáticamente elije al candidato al que hay que armarle escándalo. Es además un programa inteligente, porque escoge de acuerdo a los niveles de popularidad de los postulados y da la excusa perfecta para hablar mal de él, o en su defecto propone escándalos posibles para armarle un show mediático.

En el de prueba de una apareció Piedad Córdoba con un turbante rojo y una camiseta con un corazón amarillo en el centro y encima las letras CH: el letrero decía que podían acusarla de hacer política con las Farc, de llevar a Telesur a las liberaciones o de usar a Moncayo para ganar popularidad. La emoción de la sala se hizo sentir y varios votaron porque usaran las tres opciones en momentos diferentes.

Luego salió el Registrador con cuerpo de pez. Fue tanta la conmoción de ‘Montesinos’ porque aparecieran las razones para armarle show que bloqueó el programa y sólo lograron ver un vasito de güisqui al lado de un computador hackeado.

Ya más por adicción que por cualquier cosa hicieron un último ensayo. Salió Mockus con cuerpo de simio encorbatado, y entre las opciones un video de cuando no era alcalde bajándose los pantalones y luego otra de él mismo con un vestido de superhéroe de calzoncillos por fuera: la idea era jurar que estaba loco y que por eso no iba a ser capaz con el país

Según me confirmaron, la aplicación ya quedó instalada y funcionando. Yo de Pablo Moncayo no compraba celular.

* Gracias a Betto por la caricatura

lunes, 12 de abril de 2010

Confesiones de una pereirana

Siendo la única pereirana que conozco en el cerradísimo círculo social del que ahora hago parte, me siento en la obligación de hacerles una lista de confesiones a mis amigos, conocidos, colegas y antiguos amantes, para que no se dejen engañar a futuro.

Téngala clara: las pereiranas no son como las escriben.

1. Nacer en Pereira no nos convierte automáticamente en buenos polvos. Las habilidades en la cama se aprenden de la curiosidad, de la preguntadera, de la práctica, de la exploración.

2. No todas nos vemos lindas en bikini. Que seamos de tierra caliente no quiere decir que tengamos cuerpos aptos para estar en tierra caliente: a las de Pereira también les dan estrías, celulitis, también se engordan, también se ponen flácidas.

3. No somos fáciles.

4. Tenemos tendencia a ser calentahuevos, pero somos selectivas con los sujetos a los que vamos a dejarles indagar nuestro interior.

5. Las de Pereira también tenemos amigas feas.

6. Aunque tengamos voluptuosidades probadas, no necesariamente somos brutas. No es que todas las pereiranas seamos una lumbrera, pero tampoco ponernos adelante nos quita de arriba.

7. Con respecto al punto anterior, si tenemos generosidades delanteras no necesariamente las tenemos porque pagamos millones para hacerlo. Aprendan a determinarlo a ojo, no es tan difícil e incluso cualquiera de nosotras se sentirá complacida de enseñarles la diferencia.

8. No a todas el licor nos pone flojas de piernas.

9. Que hayamos crecido viendo todos los días a un Bolívar mostrando la cola no significa que nos guste hacer lo mismo. Pereira no es sinónimo de cuna de las prostitutas.

10. No todas hablamos arrastrado tipo Catalina, ni tampoco soñamos con casarnos con un sujeto que viva de lo ilícito (aunque las fantasías de cama con personas de esa calaña sí pululan).

miércoles, 7 de abril de 2010

Un debate entre Santos y Noemí

Yo hoy vengo a defender a Juan Manuel Santos y a Noemí Sanín. ¿Cómo puede ser posible que los estén juzgando porque le cogieron miedo a los debates y se nieguen a darle entrevistas –en el caso de Juanma- a medios diferentes al de la casa editorial? Este post es de indignación con Mockus y Petro, que se creen tan inteligentes, pero que no lo están demostrando al pedir que discutan públicamente propuestas de unos y otros.

Si algo me enseñó mi abuela Isabel, a quien todos recordamos por su carácter dominante, es que no se pueden sumar peras con manzanas, o en este caso, un Iphone con un Nokia 1100. Cómo esperan ustedes ver en la misma mesa a Mockus hablando de la educación para el desarrollo al lado de Noemí, quien no se desarrolló del todo con la educación católica que le dieron en Medellín; a un tipo que habla cuatro idiomas con la señora que hasta ahora está aprendiendo hablar uribés.

No nos hagamos tarugos. A Santos le faltan cinco centavos pal' peso. No lo podemos poner a enfrentarse con la memoria altamente precisa de Petro, quien se acuerda de detalles con números de una forma escabrosa, con la suya, que se le sigue olvidando que además de haber sido Ministro de Defensa de Uribe, también fue Ministro de Comercio de César Gaviria y de Hacienda de Andrés Pastrana (cuando la economía cayó a su punto más bajo en la historia).

Yo propongo un debate entre Santos y Noemí. Es más, me postulo como la moderadora del debate. Puedo hacer un debate didáctico y llevar las fichas de Lego de mi primita Laura, para cuando los ponga a hablar de sus propuestas de infraestructura y vivienda; también puedo llevar un ábaco de mi papá que guarda polvo en la biblioteca para que hablemos de recesión económica; y un par de barbies, para que hablemos del tema de planificación familiar y sus propuestas para los diversos sexuales.

Es que señores, no nos hagamos los ciegos: a la gente especial hay que tratarla como se lo merece.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La primera cita

El que se haya atrevido a decir que como los sentimientos de la primera cita no hay otros en la vida, se está sobreactuando. La placidez del sentimiento prevomitivo, la inseguridad del no saber qué ponerse, los destajos a los riñones que genera tener que ir al baño pero no saber cómo caminar y el inconfundible mariposeo que casi siempre termina en repetidos diálogos con el sanitario, no son para mí.
Yo no nací para las primeras citas.

Empecemos por algo tan simple como saber qué pedir. Si pido mi inconfundible jugo de mango y estamos en un bar, el tipo me calificará de mojigata y no va a actuar con la misma naturalidad que actuaría si no pensara que lo soy. Si pido una cerveza, cuando lleve la botella a medio tomar voy a ver al tipo en cámara lenta y probablemente mis piernas van a ir perdiendo fuerza de voluntad.

La voluntad. Qué bueno que toqué el tema. Paloma me dijo un día sabiamente que no había que desgastarse saliendo con un malpolvo sin saber que efectivamente lo es y terminó la frase citando a una buena amiga suya, “igual se lo va a dar, mejor apurar el golpe”. Ese dilema de saber si dárselo o no en la primera cita me da náuceas.

En principio una se siente insegura porque nunca estará lo suficientemente flaca, la cola jamás tendrá la adecuada solidez y la depilación nunca -jamás- podrá sentirse en el punto preciso. Además siempre habrá un pero: Marrón se comió toda mi ropa interior linda, debo oler raro porque no alcancé a ducharme después del trabajo y claro, la infaltable 'este tipo qué va a pensar, que porque soy de Pereira, soy fácil'.

Eso, claro está, sin contar con el cómo. Entenderse de primerazo en movimientos, velocidades e intensidad es todo un trauma. Si saco la Lobaiza que hay en mí, él podría ratificar su teoría de 'pereiranas=prepago' y tomarme sólo como su presa de cama. Así las cosas lo prudente sería esperar 3 ó 50 salidas, para entonces estar tan enamorados que ni nos demos cuenta de lo mal que nos entendemos horizontalmente.

Finalmente viene la inseguridad de la que yo no sería directa culpable: qué hacer si el tipo no funciona, si no está bien dotado, si se viene rápido, si no me hace llegar... ¿qué hacer, ah?

El instinto primario diría que corra mientras pueda, así sea sin ropa, cambie de teléfono, de trabajo, de país!; pero la decencia de haber sido criada en un hogar de tres miembros y bajo los preceptos de Santa Catalina Labouré, me obligará a inventarme cualquier historia fantástica, una inseguridad que me acompaña desde la infancia o una sobrecarga laboral, para no volver a verle.

*** Dedicado a mi amiga Juana, quien me enseñó la importancia de comer Mango, aún cuando yo de felaciones sabía poco.

lunes, 22 de marzo de 2010

Granito de arena a la Emergencia Social

Por Paula Bedoya*

Hasta ese momento llegaron mis aspiraciones de abandonar el cigarrillo, o tal vez pedirle de la mejor manera que él me deje a mí. Un alarmante precio me confirmó el encargado de la droguería de un reconocido almacén de cadena, cuando le pregunte por unas pastillas que prometen sacarlo a uno de las fauces del cruel tabaco.

“La caja del nivel uno le vale 50 mil pesos, le dura una semana, y el nivel uno dura un mes. Después tiene que seguir con el nivel dos, que se sigue por dos meses más. La cajita también dura una semana y le cuesta 40 mil”.

Supuestamente, al comienzo el cuerpo necesita más sustancias que le inhiban el deseo de nicotina, de ahí el descenso progresivo del precio. Finalmente, la caja del nivel tres, que dura tres meses, tiene un precio de 30 mil pesos. Una vez limpios los pulmones -y el bolsillo-, y luego de seis meses de disciplina, no volverá a pensar, bien sea en un tentador cigarro, o en una indiferente pastilla. Si recae, ojo, debe reiniciar el tratamiento desde el comienzo. No quise ni preguntar por los famosos parches, pues algo que surta el mismo efecto, sin tener que recordarlo y buscar el consabido vasito de agua, ha de ser mucho más costoso.

Salí del ‘súper’ haciendo cuentas. En casi 900 mil pesos me saldría el valiente acto de voluntad, que ahora también sería económica. ¿Será que estos productos son de aquellos que, con un alza en sus precios, ajustarán las desbaratadas finanzas del sistema de salud colombiano? Evidentemente no. Con la garantía de la última tecnología, y cero riesgos para la salud que ofrece el reconocido laboratorio fabricante, es suficiente para justificar el precio. Digamos que no peleo con eso.

Pero la paradoja se apoderó de mí cuando caí en cuenta que, justamente, un buen paquete de cigarrillos aporta, hasta que se defina la viabilidad de los decretos del estado de emergencia social, 650 pesos más a la recuperación del sistema de seguridad, desde el pasado primero de febrero. Honor a las ya acostumbradas ironías de este país, donde la recuperación del sistema de la salud depende de que se venda aquello que acaba con ella.

Aunque el consumidor no se ve afectado por el alza, supongo que unos clientes menos, que se refugien en las pepitas de primer, segundo y tercer nivel, repercutirían en los ya austeros presupuestos de la industria tabacalera.

Además, y revelando mis intimidades financieras, un promedio de 200 mil pesos mensuales destinados a abandonar el vicio, generarían más ansiedad que la que logro calmar con él, pues significarían un buen mordisco a mis ingresos-ya me estaban dando ganas de prender uno-.

También me imagine una buena charla, al calor o al frío de un tinto o una cerveza, sin un buen cigarro e interrumpidos por la alarma del celular –tendría que poner la alarma, sin duda- anunciando la hora de tomar la ‘pepa’. Concluí que con un cigarrillo aporto más, irónicamente, al sistema de salud que, por qué no, podría atenderme en un futuro una eventual afección respiratoria; podría hacer algunos amigos más, como ya me ha sucedido, y hasta me ahorraría el vasito de agua.


* Somos compañeras de trabajo y desde el momento que la conocí, junto a Dear President coincidimos en la frase: "dónde has estado toda mi vida, Paula Bedoya".

miércoles, 17 de marzo de 2010

De traguitos y otras tragedias

Cuando salió el comunicado de prensa de la Presidencia, en la que decían que el Registrador y/o su séquito estaban tomando el día de elecciones, pensé que esa era mi oportunidad para ‘denunciar’ todo lo que había visto en la jornada electoral. Me fui corriendo a la oficina de un Ministro de cuyo nombre no debo acordarme, y le dije, mirándolo a los ojos, que no era sólo lo que le habían contado, que yo tenía más información. Le dije, así, sin tapujos: yo le cuento, pero tengo un primo que quiere ser notario y está desempleado.

Empecé mi retahíla. Mire Ministro, le dije, Carlos Ariel Sánchez, el amante declarado de la Coca Cola, estaba tomando güisqui la noche de elecciones y gritando con voz enredada “huy Noemí, le ganaste a Arias… ¡mucha dura!”, y luego estallaba a carcajadas. Después de la media noche se acordó del bolero que se inventó Arias cuando Noemí todavía era embajadora “contigo o sin ti, pero prefiero contigo, Noemí”, y brindaba por todas las mujeres que han llegado al poder. Alcanzó incluso a hacer una versión de la misma canción para Michelle Bachelet y otra para Ángela Merckel.

Usted ve que ahora el procurador Alejandro Ordóñez sale a decir que nunca vio tomando al Registrador. ¡Pura mentira! ¡El Procurador estaba más borracho que el Registrador! Usted le viera el ataque de risa cada vez que alguien decía referendo. Le tocaba agarrarse la barriga, porque se le iban a reventar los botones de la camisa. Mire señor Ministro, no es porque yo quiera ser cizañosa ni nada, pero para mí que ese par se estaban burlando de lo que pasó con la reelección.

Eso no es todo, Ministro, continué. Usted viera a Juan Manuel Santos repartiendo lechona en el Dann Carton. Qué habilidad para combinar los trajes de Hugo Boss con el gorrito blanco para que el pelo que se le fuera cayendo no se enmarañara entre la lechona. Se le veía tan natural como agarraba el plato de plástico, como cortaba un pedazo de la piel del puerco y como le ponía de ladito la arepa redonda. No estaba pidiendo votos para La U, estaba alimentando falsos familiares de muertos en combate.

El Ministro me miraba casi sin parpadear, como pensando que estaba haciendo el negocio notarial de su vida. Mire Ministro, yo no me quedé de manos cruzadas, llamé a Juan Lozano y le conté todo el episodio de lo que estaba cocinando Santos y el tipo de una vez reaccionó y dijo que él iba a hacer lo propio, porque Santos podía robarse La U, pero nunca el ambiente estomacal de los votantes. Luego supe que se había ido para el frente del Dann, le arrebataba los platos de lechona a la gente, y les daba su botellón de agua mineral con la frase “no sea puerco”.

Eso no es nada Ministro. Yo misma escuché cuando el lunes el Registrador le decía a Marco Emilio Hincapié, el presidente del CNE, que le tenía el hackeador para el programa para hacer el escrutinio. Le garantizo, decía Sánchez, que en media hora le tiene ese programa caído, no lo levanta nadie y así nos jodemos a los conservadores. Yo creo que hicieron negocio, Ministro, porque mire que lograron retrasar el escrutinio cinco horas.

Después de verme con el Alto Funcionario decidí ir a violar cualquier Ley, porque si algo me enseñó este fin de semana de comicios parlamentarios es que es menos escandaloso hacer fraude o cometer cualquier delito electoral, que la sospecha no comprobada de un trago de licor que viole la Ley Seca.

lunes, 15 de marzo de 2010

Las cuotas masculinas en pie de lucha en el día de la mujer


Por Katharina Langer*

Sobre todo el 8 de marzo, en el día de mujer, mucho se habla de las “cuotas femininas forzadas” que quieren imponer algun@s polític@s con alguna ley en ciertos sectores de la sociedad y en su mayoría supuestamente en contra de nuestra voluntad.

¿Han escuchado hablar de cuotas masculinas? ¿No? ¿Será porque no existen o más bien porque es un secreto a voces, que además asumimos como parte de la normalidad en la que vivimos, que los mejores puestos de trabajo que posibilitan un mayor ejercicio de poder, mayor ganancia económica y más influencia en la sociedad están reservados para la especie masculina por nada más ni nada menosque el mérito aleatorio de haber nacido varón en esta vida?

Queda demonstrado que la práctica excluyente de las cuotas masculinas no nos inquieta ni en lo más mínimo. Sin embargo surge a menudo la pregunta de por qué hacen falta las cuotas reservadas para mujeres en puestos públicos, como también en la economía privada. Much@s no queremos dar o recibir un puesto de trabajo por caridad sin que juegue un papel decisivo la formación profesional y la apttud para el puesto para el cuál aplicamos, aunque con eso no quiero decir que los puestos de cuota siempre se den a mujeres o personas menos calificadas.

Las mujeres queremos ser tratadas igual que nuestros cohabitantes terrestres masculinos – ni mejor ni tampoco peor. Queremos tener los mismos derechos, las mismas oportunidades, las mismas opciones, las mismas seguridades, el mismo acceso a educación y salud pública, la misma libertad de decisión, tanto con respecto a nuestra vida privada como a nuestra vida laboral, y como ciudadanas de un país tener todos los derechos políticos. Quisieramos no sentir miedo cuándo caminamos por la noche en la calle, quisieramos no tener que decidirnos entre tener hij@s o tener éxito en la vida profesional, quisieramos ser dueñas de nuestras vidas sin tener que dejarnos encasillar por la sociedad en las categoría de madre o puta.

Bonita la idea e imprescindible el sueño de un mundo mejor que, eso sí, no debemos perder de vista jamás. Lamentablemente la realidad es otra. Nos encontramos ante la situación de que las mujeres simplemente por pertencer al género al que pertenecemos nos vemos discrimnadas por vias múltiples.

Las mujeres somos las pobres de este planeta. Mundialmente hablando cuentan las mujeres con el 10% de los ingresos, el otro 90% se lo llevan los hombres y de las personas que viven en absoluta pobreza el 70% son mujeres.

Una de cada tres mujeres en el mundo termina siendo víctima por la violencia de género (maltrato físico y psíquico, violencia sexual, etc.) que es una violencia dirigida hacia nosotras, en su gran mayoría ejercida por los hombres, solamente por el hecho de ser mujeres.

A las mujeres nos toca llevar una carga doble al tener que apersonarnos del trabajo por fuera y por dentro de la casa, la crianza de l@s nini@s y el cuidado de l@s mayores. Por estas circunstancias tenemos menos tiempo para seguir una educación y menos posibilidades de conseguir un trabajo de jornda completa. En la mayoría de los casos la mujer solamente tiene un trabajo de medio tiempo o queda totalmente excluida del mercado laboral Las dos opciones significan pobreza a largo plazo porque sin sueldo o con un sueldo más bajo se minimizan proporcionalmente eldinero de jubilación o en su caso los beneficios de servicios públicos atados a una actividad laboral. Colombia presenta con el 22% unas de las cifras más altas de desempleo femenino en América Latina.

Aparte de eso las mujeres recibimos sueldos mucho más bajos que los hombres, muchas veces inclusive por el mismo trabajo y en todo caso porque los trabajos típicamente femininos son peor pagados y porquelas mujeres no llegan a las esféras más altas del poder dónde se pueden encontrar los trabajos bien remunerados sea por la falt de educación, de tiempo disponible o por la dificultad de abrirse camino en el “terreno masculino”. El promedio salarial de las mujeres en Colombia es el 25% más bajo que el de los hombres.

Las mujeres no tenemos representación adecuada a nivel político. En el período legislativo del 2006 al 2010 en Colombia se encuentran solamente el 8.4% de mujeres Representantes a la Cámara y el 12% de mujeres Senadoras de la República (los porcentajes más bajos de toda Latinoamérica).
No todas las mujeres hacen política específicamente para mujeres pero la suerte de encontrar a un hombre que respalde y empujelos derechos de la mujer es definitivamente menos probable. Como sector de la sociedad con poder decisivo, poder de influencia sobre el discurso público y poder de cambiar cosas, nunca debemos restarle importancia a la política. Además siempre hay que ser conciente que la mayoría de l@s polític@s reciben su legitimidad del voto popular lo cuál significa que es su obligación, y algo que hay que exigirles siempre, gobernar a favor de tod@s nosotr@s, no solamente de una parte de l@s habitantes de un país. A la hora de aprobar una nueva ley debe ser tenida en cuenta tanto la perspectiva femenina como la masculina. Se ha visto que el marco legislativo tiene repercusiones diferentes en el hombre y en la mujer, ya que sin pensar en las realidades sociales diferentes que viven los dos géneros se puede llegar a agravar la discriminación emenina sin haberlo intencionado.

Como si todo esto fuera poco a la mujer le han puesto precio de venta en el mercado. El culto a la belleza física nos está esclavizando. Vivimos en un mundo medial dónde el valor de la mujer está casi única y exclusivamente definido por el deseo sexual que puede vocar en el hombre. Asi la mujer “bonita” se ha convertido en un símbolo de estatus social para el hombre, los ricos y poderosos siempre se ven acompañados de mujeres bellas.

Nos guste o no reconocerlo: nadie renuncia voluntariamente al poder que tiene, como tampoco lo harán los hombres. Por más que las mujeres tengamos que ser activas y seguir en pie de lucha por nuestros derechos e intentar ganarnos el espacio que nos merecemos sin rendirnos nunca, hacen falta reglas y sanciones para que eso sea posible. Si en el año 2010 nos sorprendemos con semejante situación de desigualdad entre los géneros a casi todos los nivéles y vemos que en las últimas décadas la situación prácticamente no ha mejorado, sino incluso se ha visto empeorar, hay que preguntarse por cuánto tiempo más queremos esperar cruzad@s de brazos sin hacer nada.

Las cuotas femininas nunca pueden ser la única medida para buscar la igualdad entre hombre y mujer en la sociedad pero tienen validez e importancia como una entre muchas. No queremos que sea una excepción que mujeres lleguen a la cima del poder como Angela Merkel o Michelle Bachelet sino que se vuelva una normalidad. El promedio latinoamericano actual de ministras es de 23% y el de mujeres electas en ambas cámaras llega apenas al 20%. Las senadoras representan sólo un 18% y las diputadas un 20%.

Entonces la pregunta no debería ser si nos gustan o disgustan las cuotas femininas, sino ¿que posibilidades adicionales y complementarias se nos ocurren para transformar la sociedad en una más igualitaria?

¿Deberíamos en consecuencia tomar la felicitación por el día de la mujer como una ofensa? SÍ, si se supone que en este día nos deberíamos sentir y nos quieren ver más “femeninas” que nunca. SÍ, si se supone que con tal de celebrarnos un día al año creen que han cumplido con todo su deber. Pero NO, si pensamos en el día de la mujer como en un día más de lucha por nuestros derechos. Y NO, si podemos aprovechar este día para poner asuntos de discriminación feminina importantes y pendientes sobre la mesa del debate público y hacerlos ampliamente conocidos, porque solamente podemos exigir los derechos que sabemos que tenemos!

*Como una grata y muy feliz sorpresa, encontré en mi bandeja de entrada una carta de alguien que por alguna razón ha sido muy importante en mi vida desde hace siete años. Me gustó tanto que decidí postiarla. Gracias Kathi por tu primer artículo en español

martes, 9 de marzo de 2010

No me diga feliz día de la mujer

No me gusta el día de la mujer. Punto.

Le advertí con varios días de antelación a mi novio que no me dijera “feliz día de la mujer” y él, aunque no entendió por qué mi obsesión con que evitara el comentario, como perrito condescendiente no me dijo nada, dejó pasar el día como cualquier otro.

La primera vez que escuché el término estaba yo molestísima con un colega –hombre- porque había logrado ‘chiviarme’ después de haberse tomado un café con un magistrado.
- ¿Usted se imagina cómo me vería yo tomando un café con un magistrado? Le gritaba yo, desesperada. ¡Dígame si usted no pensaría que me estoy acostando con él, para conseguir información! ¡Dígame!

El tipo, sin argumentos, me decía que me calmara, que no había de qué preocuparse. - Yo te paso la información, no hay lío.

Él no podía entender –no tenía cómo- que el gran meollo del asunto no era esa chiviada, sino que yo me sentía en una clara desventaja frente a él: el hecho no era el tinto, sino que yo no encontraba otra forma de buscar información sin parecer una prepago –y eso que no he hablado de la fama y los chistes que hacen con las mujeres que vienen, como yo, de Pereira; y ahora, para mi desgracia, él quería pasarme la información, sin ningún mérito, sólo porque estaba sintiendo una suerte de lástima por mí, a raíz del drama que yo le había hecho.

- Mire, no me trate como si yo no fuera capaz de chiviarlo, cambié mi discurso, en medio de gritos, sin saber cuál era el término que debía usar. Y lo dejé solo.

Me salí de la oficina en la que estaba y un señor que pasaba por ahí, y que escuchó mi queja me lo dijo: cuando le hacen eso a los negros, se llama racismo positivo.

Racismo positivo: vi la luz. Claro, lo que el chiviador estaba haciendo conmigo era machismo positivo, pensé: como me ve en clara desventaja frente a él, entonces ahora quiere darme ventajas fingidas, nacidas de su cabeza, para que estemos en una encomillada igualdad de condiciones.

Desde ese día me proclamé una antifeminista acérrima. Juré que no me sentiría menos frente a los hombres por el hecho de ser mujer: ni por correr más despacio, ni por tener menos fuerza, ni por tener que dejar de tomarme tintos so pena de sentirme la amante de un congresista sudoroso. Y claro, que no buscaría ventajas desde la lástima, eso sí que no.

Por eso me molesta cuando las congresistas buscan aumentar, a las malas, la cuota femenina en los partidos políticos: ¿acaso Alexandra Moreno Piraquive, Michelle Bachelet o Ángela Merkel andan pidiendo espacios? No señor, se los buscaron, como hizo Inácio Lula da Silva o Sebastian Piñera.

Por eso me molesta que haya un día de la mujer, en el que todas nos sentimos más femeninas y nos gusta que nos den chocolates y serenatas. ¿Rita Pavone hace conciertos y pide que vayan a ellos porque es mujer o porque es buena cantante, como lo fue Ray Charles o Freddy Mercury?

Estoy cansada de que me digan feliz día de la mujer porque ese esfuerzo, que ya cumple dos años, se viene al piso. No me hagan perder el impulso, tengo muchas ganas de seguir siendo una mujer en real igualdad de condiciones.

lunes, 22 de febrero de 2010

Mi reencuentro con la salsa

El tema del baile para mi familia siempre ha sido fundamental: con una madre que se jura negada para el ritmo y un padre que hubiese sido 500 por ciento más feliz de haber podido dedicar sus días completos a tocar vallenato, la sola existencia como hija única me convierte en un recipiente para poner un resumen de sus sueños: yo, Katherine Loaiza Martínez, puedo llegar a ser ladrona, corrupta, incluso Ministra de Interior y aún conservaría el amor de mis papás; pero jamás mala bailarina. Eso sí que sería imperdonable.

Por eso cuando el jueves pasado acepté la invitación de Gilberto* para ir a bailar a la Galería Café libro (en la foto), descubrí que la sabrosa línea del baile ha atravesado los momentos más trascendentales de mi existencia; o por lo menos los que recuerdo con especial vergüenza.

La de romper el hielo fui yo, como era de esperarse. Anacaona nos llevó a ambos a la pista de baile, pero a mí particularmente hasta el 2002, en Mi Ranchito, en el marco de una novillada bailable. Yo misma me encargué de sacar a quien hasta ese día fue el amor mi vida, el popularísimo –y más joven que yo- ‘Wimi’.

A nadie le importaba que Wimi se llamara Luis Miguel, o que estudiara en el Colegio Nacional Francisco José de Caldas mientras yo ya estaba en la Universidad Tecnológica de Pereira. El caso es que Anacaona nos unió en un desastroso primer beso. Primer beso para mí, el número 87 para él.

Aunque Anacaona no nos dio, con Gilberto, soltura total en la danza, Señora Ley sí nos puso a tratar de imitar, con algo de ineptitud, a los experimentados bailarines que aparecían en el video. Fue así como me acordé del episodio más vergonzoso de mi vida, desde que logré eliminar del álbum familiar mis fotos desnuda: un día en el que, en pleno parque del municipio de Lorica, un negro de dos metros me sacó a bailar, ante las miradas entusiasmadas de por lo menos 200 costeños.

Como era de esperarse, mi cuerpo medio tieso de nacida en el eje cafetero, se vio exageradamente entorpecido por los pasos africanos de ese hombre. Mi consuelo fue una ancianita, que me dijo al final de show “no te preocupe’ mami, que tu baila mejó que io”.

Mejó que io’ se quedó retumbándome en los recuerdos de una forma tan impresionante, que no me di cuenta que ya estaba bailando Cali Pachanguero. Cali, me acordé, fue la ciudad que me vio llegar de mi primer gran viaje en motocicleta, con mi entonces novio. Nosotros como pareja nacimos para viajar, no para bailar, me acordé: el tipo vivía obsesionado con que yo bailaba ‘saltadito’ como si todos los ritmos fueran ‘carranga’.

Me lo dijo tantas veces que un día terminé por creérmelo: yo, en definitiva, era una de esas personas que tienden a bailar saltadito. Me negué a aceptar invitaciones a bailar por parte de sujetos atractivos por miedo a que descubrieran mi oscuro secreto. Empecé a salir con personas que no disfrutaran del baile para evitarme la vergüenza y me convencí de que la balanza del ADN me había puesto del lado de la falta de ritmo de mi mamá.

Sin embargo, después de bailar Maria Juliana y El Paso de Encarnación, con Calambuco en vivo, y Gilberto siguiéndome los pasos medio descoordinados; después del montón de recuerdos de bailadas patéticas en los bafles de Back Steet, sumado a mis intentos fallidos por bailar bachata, y las clases de tango, fox y boleros de mí abuelita, comprendí que me debo más al cromosoma XY, a los genes paternos, si de pachanga se trata. Que a pesar de que las vueltas y los pasos no fueron para un 10.0 en un campeonato mundial, lo más importante fue reconocer que mis caderas no conocen vergüenza ni escarnio público. Lo que más les gusta es contonearse y ya, razón suficiente para decir: Estoy lista para la otra canción.

jueves, 18 de febrero de 2010

El hallazgo

El día que cumplí dos años en Bogotá me sentí exactamente igual al día que conocí a Leonardo Rodríguez, en ElEspectador.com.

Sin saberlo, justo en el momento en que estaba yo recordando ese desasosiego estomacal por la nueva vida que estaba a punto de empezar y por saber que me alejaba del hombre que sentía -hasta ese día, hasta dos años después- como el amor de mi vida, estaba ya él a 6 mil kilómetros de distancia, tomándose su primera foto en el obelisco, con la misma cámara fotográfica que nos había eternizado en el Nevado del Cocuy, en el del Ruiz, en Acandí y la Guajira (en la foto).

Ese día, cuando estaba yo cumpliendo dos años de vivir en Bogotá, me di cuenta de lo que sería mi futuro: Amelia, para mi infinita desgracia, no sería Amelia Castaño.

lunes, 15 de febrero de 2010

Dos años roliando

Después de haber tolerado 730 días de rolez extrema, me siento con todo el derecho del mundo de escribir un blogazo sobre los rolos, sus costumbres y mi relación con ellos. Hoy cumplo dos años de vivir en Bogotá. Dos lejos de Pereira, de Santa Rosa, de la familia.

Cuando empecé a contarle a todo el mundo la importancia de esta fecha, la pregunta común se convirtió en que cuál era mi balance de estos dos años. Y yo, graduada del Colegio Santa Catalina Labouré, con especialización en administración de empresas, aprendí de la profesora Luz Marina que los balances tienen ACTIVOS y PASIVOS, entonces voy a hacer las dos columnas, para que ustedes, expertos en contabilidad, me digan si el saldo es a mi favor o no.

(Esta lista puede ir cambiando a lo largo del día)

ACTIVOS

1. Alejandra Lula Rodríguez Camacho (en la foto) y Marrón Mauricio Rodríguez Loaiza. Además de ser mis fieles compañeros de vivienda (ya hemos compartido tres apartamentos juntos), son mis amigos, mi familia, mis confidentes y consejeros de cabecera. Nadie me da tanto afecto, alegrías y malgenios como ellos.

2. Todos los días madrugo a trabajar y el 98 por ciento de las veces, estoy feliz de hacerlo.

3. Me miran mal cuando me pongo pintas calentanas, a pesar de que ahora el clima da para eso, para la blusa de tiras y la falda sin medias. Yo sé que en el fondo, muy en el fondo, se mueren de la envidia.

4. No he podido conseguir un bar al que yo llegue y le pida al bar tender 'lo de siempre', pero sí encontré un sitio al que amo ir a pedir chocolate con tamal, para pensar en Alfonso Reyes Echandía y odiar, a veces menos, a Plazas Vega, Rubiano y demás.

5. Me di cuenta del 'cáncer', me enfermé y me alivié. Nunca estuve sola en el proceso.

6. A pesar del punto 1 de los pasivos, lo que agradezco es que ahora tengo clarísimo que NO quiero.

7. He conocido a personas maravillosas con Pipe, Lili, Fabián, Juan Diego, y Mani.

8. Comprobé que soy una dura para encontrar direcciones.

9. El mercado de pulgas del centro.

10. Aprendí que a veces se desayuna sopa y se deja finca en lugar de depósito; también que se le dice al de la tienda 'vecino' en lugar de 'hermano' y que se comen huevos pericos con periquito.

11. La ciclovía con Marrón. Comer sandía en la ciclovía con Marrón.

PASIVOS

1. Me convertí en un monstruo supremamente inestable emocionalmente. He tenido tantos sujetos en mi vida que a veces incluso siento que pierdo la cuenta, ya no recuerdo muy bien cuál fue primero y cuál fue mejor. Con ninguno la cosa prosperó más allá de un mes, y por eso ahora mi autoestima se caracteriza por dudar a cada paso cuando un nuevo sujeto se avecina.

2. Los rolos no saludan. Así uno los mire a la cara, no saludan. Así uno hable durísimo, no saludan. Así uno repita y repita el saludo, no saludan. Lo peor de la situación: yo no me acostumbro.

3. Me han robado dos celulares, por fortuna, muy baratos.

4. Pereira queda a seis horas. Con los problemas de movilidad de Bogotá, ahora queda a ocho.

5. Leo menos que antes, pero escribo más.

6. Todavía me desespera que los rolos pregunten y respondan al tiempo. ¿Llegaste temprano? no, ¿cierto?

7. Le dicen mazamorra a una sopa. Todavía se me olvida y a veces me siento tentada a pedir un poquito, como postre.

8. Me siguen violando en Transmilenio.

9. La piel y los labios siguen requetesecos.